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domingo, 30 de noviembre de 2014

El arte de entender y educar a tu hijo: Prólogo

 En numerosas ocasiones, a lo largo de mi trayectoria profesional, he podido constatar las dificultades a las que padres, madres y otros cuidadores deben enfrentarse a diario en la educación de sus hijos e hijas.
Padres y madres abnegados que en la mayoría de las ocasiones no quedan conformes cubriendo sus necesidades básicas sino que se preocupan por darles la mejor educación posible y estimular al máximo sus potencialidades para conseguir el mejor desarrollo y bienestar.

  En esta tarea es fundamental conocer en profundidad el desarrollo evolutivo de los menores en cuya educación estamos inmersos además de las técnicas educativas que mejor se adaptan a cada etapa en función de los avances que los  niños y niñas van adquiriendo como consecuencia del aprendizaje y de la maduración biológica de sus estructuras cerebrales.

En muchas ocasiones he sido testigo, de frases como: “¡Es que este niño no hace caso, por muchas veces que se lo diga...!”, “desde hace unos meses no hay manera..., lo que funcionaba antes, ahora no sirve de nada,...”, “¿Porqué no puede comportarse bien?, parece que le gusta romper las cosas, destroza todo lo que dejo a su alcance,...”, “Con lo buena y obediente que era de pequeña, ahora siempre responde con confrontaciones y pidiendo explicaciones”. Es probable que estas u otras frases similares hayan formado parte de sus pensamientos en el día a día con sus retoños.

Este tipo de pensamientos muestran que existe un desfase entre las expectativas que los adultos presentan con respecto a las habilidades de sus vástagos y el momento del desarrollo evolutivo en el que se encuentran éstos.

Los niños y las niñas, desde su nacimiento, van sufriendo una cantidad ingente de cambios y aprendizajes a los cuales es necesario adaptarse conforme se van produciendo. De no hacerlo los padres corren el riesgo de emplear grandes cantidades de energía en intentar que su hijo adquiera determinadas habilidades que, por su desarrollo, tanto biológico como psicológico, no está capacitado para incorporar y al mismo tiempo pierden la oportunidad de favorecer que sus hijos aprendan todas aquellas habilidades o destrezas que, en ese momento evolutivo, se están desarrollando con mayor intensidad.

Con esta obra pretendo facilitar la labor educativa de padres, madres y demás cuidadores exponiendo de forma sencilla y didáctica, todo lo que se necesita saber para conseguir un desarrollo óptimo de sus hijos o hijas.
Para ello, en cada capítulo, describiré en primer lugar y sin ánimo de ser exhaustivo, el desarrollo evolutivo que los menores van adquiriendo, haciendo especial hincapié en las repercusiones psicológicas y comportamentales que estos cambios generan, con la intención de que cada progenitor conozca mejor a sus hijos, el porqué de sus comportamientos y de sus cambios, así como qué aspectos son normales dentro del desarrollo y en qué circunstancias es necesario plantearse solicitar ayuda profesional.

En segundo lugar, una vez conocidas las características de nuestros hijos en función de su edad, los cambios en los que están inmersos y el modo en el que piensan y actúan, facilitaré la mejor forma de abordar la educación en cada periodo evolutivo así como las pautas educativas apropiadas para cada etapa.
El manual se divide en cuatro partes, abordando cada una de ellas un periodo evolutivo importante para el desarrollo:

Nuestro viaje comienza con el embarazo, una etapa vital en el desarrollo de todo ser humano. En esta parte se exponen los sorprendentes avances que va protagonizando nuestro pequeño hasta convertirse en una persona con identidad propia.

La segunda parada de este apasionante camino describe los tres primeros años de vida, tiempo durante el cual, los bebés se desarrollan a un ritmo vertiginoso fascinando a sus emocionados progenitores. Durante este periodo descubriremos como  el pequeño establece un vínculo especial con su mamá o papá, como desarrolla sus emociones y cómo progresa en la comprensión del mundo que le rodea.

A lo largo de la tercera parte descubriremos como es un niño o una niña en el periodo comprendido entre los cuatro y doce años. En esta dilatada etapa los menores irán forjando su personalidad, fijarán sus esquemas mentales sobre cómo funciona el mundo que les rodea, tendrán lugar importantes cambios físicos, psicológicos y morales que desencadenarán el abandono de la niñez para dejar a nuestros retoños a las puertas de la adolescencia.

La cuarta parte, se encarga de explicar como hacer frente a una etapa difícil para los padres y tremendamente importante para el futuro de los hijos: la adolescencia. Durante este periodo, los jóvenes serán protagonistas de unas transformaciones tan asombrosas que darán un vuelco a su forma de entender el mundo  y de relacionarse con su entorno. Al finalizar esta etapa abandonarán definitivamente su niñez para convertirse en adultos plenamente integrados en la sociedad. 

Finalizaremos nuestro viaje analizando el periodo en el que los hijos se hacen independientes y abandonan el hogar. Este momento generalmente agridulce implica, por un lado, que nuestra labor educativa como padres ha llegado a su fin. Ahora se puede contemplar que aquel bebé totalmente inexperto se ha convertido en una persona adulta e independiente.

Aunque por otro lado, y como consecuencia de lo anterior, es tiempo de volver a reorganizar la forma de vida, retomando plenamente la relación de pareja, disponiendo de mayor tiempo para el ocio y asumiendo que ya no es necesario dedicar la mayor parte del tiempo y de los pensamientos diarios a los “niños”.

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