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sábado, 13 de julio de 2013

ANSIEDAD


 La ansiedad es una reacción emocional (como la alegría, el amor, la tristeza o la ira) caracterizada por sensaciones de tensión, aprehensión, nerviosismo y preocupación además de la activación o descarga del sistema nervioso autónomo. 

Normalmente aparece en presencia de un peligro o amenaza para el individuo permitiendole estar alerta, sensible al ambiente y aportando un nivel óptimo de motivación para afrontar las diferentes situaciones. Por lo tanto, cuando nos encontramos ante un peligro objetivo, un incremento de la ansiedad puede facilitar un mejor afrontamiento de la situación. 

Imaginemos que vamos por el campo y aparece un oso, automáticamente sufriríamos un aumento de ansiedad que provocaría que el corazón latiera más rápido, que nuestros pulmones funcionaran de forma más eficiente y agudizaría nuestros sentidos para permitirnos afrontar con éxito la situación.

"La ansiedad nos ha posibilitado que salvemos la vida"

El problema surge cuando estamos ante una situación que, objetivamente, no es peligrosa y, sin embargo, aparece la respuesta de ansiedad. En estos casos se convierte en una fuente de malestar y sufrimiento aunque, a pesar de que resulte incómoda, no supone peligro alguno para nuestra salud.

Como veíamos anteriormente la ansiedad consiste en la activación del sistema nervioso autónomo, cuyas manifestaciones pueden ser: Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca, sudoración, temblores, sensación de falta de aliento, opresión en el pecho, nauseas, inestabilidad, mareos o desmayos, desrealización, hormigueo en las extremidades escalofríos y sofocaciones. Todos estos síntomas, trascurrido un breve periodo de tiempo, van desapareciendo gracias a la acción de un mecanismo que regula la activación de nuestro organismo (Sistema nervioso parasimpático).

En los casos en los que no existe un peligro real la ansiedad aparece a causa de la interpretación que la persona hace de la situación ya que existe una gran relación entre los pensamientos y la ansiedad. 

Pondré un ejemplo para que se entienda mejor: imaginen que están solos en casa de noche, oyen un ruido y piensan: " ha entrado un ladrón" 

¿cómo se sentirían?...

Ahora consideren la misma situación pero en lugar de imaginar que es un ladrón, en este caso, piensan que el viento ha golpeado la ventana. 

¿Cómo se sentirían ahora?...

Este ejemplo demuestra que dependiendo de cómo interpretemos una situación nuestro estado emocional y, en consecuencia, nuestra conducta van a cambiar. 

¿Qué podemos hacer para desactivar este mecanismo cuando no existe una amenaza real?

Como hemos visto anteriormente, para que un estímulo o situación acabe desencadenando esta desagradable activación del sistema nervioso es necesario que medien unos pensamientos que nos hagan estar convencidos de que ese estímulo es amenazante para nuestra seguridad. 


Estímulo desencadenante 
(Se oye un golpe)
...
Percepción de amenaza
(un ladrón)
....
Activación del SNA

(taquicardia, mareo, temblores, etc )



Por lo tanto si queremos que la ansiedad desaparezca, lo más efectivo es detectar y combatir estos pensamientos, dejar de darles importancia y credibilidad. En el momento que nuestro organismo entienda que esta situación o estímulo no es peligroso se relajará. 

Una vez que el sistema nervioso autónomo está activado, se pueden poner en práctica técnicas de relajación para ayudar al organismo a desactivarse y, al mismo tiempo dejar de sentir los síntomas asociados a esta activación. Para conseguir este objetivo resultan de utilidad las técnicas de respiración abdominal, la meditación, el yoga, el ejercicio, técnicas de relajación muscular o cualquier otra actividad similar. 











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