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domingo, 24 de marzo de 2013

¿Está el ser humano capacitado para ser monógamo?

A lo largo de los siglos se ha mantenido un ardiente debate para dilucidar si el ser humano tiene la capacidad de permanecer con una sola pareja toda su vida o bien sus genes inexorablemente lo abocarán hacia la poligamia al menos en algunos momentos de su existencia.

Los biólogos se han afanado en su intento por responder a esta cuestión aportado teorías de gran interés. Una de las más aceptadas durante años establece una diferencia entre hombres y mujeres basándose en las diferencias en sus sistemas reproductores.

Exponen que la capacidad del hombre de generar cientos de miles de espermatozoides a diario puede ser un mecanismo que garantiza la supervivencia al posibilitar la fecundación de varias mujeres en un corto periodo de tiempo. Esta circunstancia aumentaría notablemente la probabilidad de que su carga genética prevalezca en las siguientes generaciones.

De igual forma, argumentan que, dado que la mujer tiene un número limitado de óvulos, una vez fecundado uno de ellos, quizá lo que más garantizaría la supervivencia de su bebé sería aferrarse a una sola pareja con el objetivo de que ésta le pudiera ofrecer alimentos y protección.

No pondré en duda la posibilidad de que hace miles de años, en una época en la que existía la necesidad de enfrentarse diariamente a innumerables peligros, estos mecanismos entraran en juego. Sin embargo, a pesar de que no se pueden negar las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, desde mi punto de vista estos datos solo demuestran que:

Tanto el hombre como la mujer están biológicamente preparados para mantener relaciones sexuales y procrear con diversas parejas.

Digo hombres y mujeres ya que resulta obvio que la mujer después de cada embarazo podría cambiar de pareja y, de esta forma, aumentar la variabilidad genética que según los defensores de las teorías biologicistas también redundarían en un aumento de la probabilidad para la supervivencia de la especie.

Parece claro que biológicamente la poligamia gana la partida, no obstante, si consideramos las características de la sociedad y el entorno en el que en la actualidad tiene que desenvolverse el ser humano, puede que estas premisas se encuentren totalmente erradas.

En la sociedad actual si un hombre aprovecha su capacidad de dejar embarazada al menos a una mujer cada día, sus hijos, e incluso él 
¿Tendrían más garantías de sobrevivir y llegar a la edad adulta en condiciones para poder perpetuar su carga genética? 

¿Cómo podría garantizar el sustento para tan ingente cantidad de niños, cómo podría trabajar para ofrecerles un hogar donde desarrollarse?

Quizá sería más rentable permanecer con una pareja estable, tener dos o tres hijos y destinar los recursos a garantizar su supervivencia. 

Biológica y económicamente las dos opciones pueden ser validas, sin embargo, ¿qué opción es más apropiada para mantener nuestra salud mental y emocional? ¿Estamos psicológica y socialmente preparados para la poligamia o para la monogamia?

En este plano la respuesta no es tan tajante como en el caso de la biología y, desde mi punto de vista, la opción más apropiada será diferente en función de la sociedad, educación y personalidad de cada individuo.

Por ejemplo, existen culturas en las que impera la poligamia y otras en las que lo más común es permanecer con la misma pareja durante toda la vida. En ambos casos, en general parece funcionar aunque existan casos que incumplan la norma mayoritaria. 

En nuestra cultura, hemos apostado por la monogamia, sin embargo, también parece demostrado que tras la ruptura de una relación o el fallecimiento del compañero o compañera sentimental, es posible establecer una relación con otra persona, sin repercusiones negativas para nuestra salud mental ni emocional. Es más, en la mayoría de los casos resulta beneficioso para ambos aspectos.

Quizá el problema aparece cuando se mantiene una relación con más de una persona de forma simultánea. Es cierto que incluso tras años de estabilidad con la misma pareja, el instinto sexual continúa en funcionamiento y ante un "estímulo sexual apetecible" el organismo se siente atraído e incluso puede iniciar cambios en la química cerebral preparándose para una posible relación sexual. 

En este punto vuelvo a formular la pregunta inicial: ¿Estamos capacitados para obviar estos estímulos y mantener una única relación o luchamos contra la corriente de la genética? ¿Nos sentiríamos mejor si dejamos vía libre a los instintos o si les ponemos freno?  

Entiendo que para sentirse cómodo y a gusto manteniendo una relación monógama es necesario como mínimo:

  • Elegir de forma adecuada la persona con la que establecer la relación. Debe poder reportarnos aspectos positivos estables a lo largo del tiempo.
  • Tener la capacidad de contemplar más de un aspecto de la situación, no solo el atractivo de la persona y la activación sexual que pueda generarse en determinadas situaciones o ante determinadas personas. 
  • Tener la capacidad de inhibir los refuerzos inmediatos. 
  • Valorar las ganancias y perjuicios tanto a corto como a largo plazo.  
Considero que según aumentan estas habilidades más se disfrutará de una relación con una sola persona. Sin embargo, cuando se poseen las habilidades contrarias a las señaladas probablemente se experimente la necesidad de mantener más de una relación de forma simultánea, resultando difícil y desagradable permanecer con una sola persona por mucho tiempo.

Además, de lo anterior me gustaría señalar que en las relaciones personales se establecen vinculaciones emocionales y sentimientos que resultan difíciles de equilibrar y esta dificultad aumentaría cuanto mayor sea el número de personas incluidas, por lo tanto desde mi punto de vista no resultará fácil mantener relaciones simultáneas entre varias personas sin que ninguna de ellas salga dañada en algún momento.

Por todo lo anterior mi conclusión es que el ser humano está capacitado tanto para mantener relaciones monogámicas como poligámicas y según la sociedad en la que viva, las condiciones ambientales en las que se desarrolle y el tipo de valores que adquiera en función de su educación, se encontrará mejor con una u otra opción.  

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